lunes, 20 de marzo de 2017

Reconocimiento al Cardenal, tres cualidades a imitar


 
Dentro del marco de la XXVIII Feria del Libro Católico, el día de ayer, 19 de marzo,  tuvimos un reconocimiento a Nicolás de Jesús cardenal Lopez Rodríguez. Sentido y merecido reconocimiento no sólo del movimiento de cursillos de cristiandad sino también de una gran pluralidad de sectores sociales de la República Dominicana.
Muchas cualidades fueron resaltadas, pero particularmente tres llamaron poderosamente mi atención:
· Su Disciplina

· Su Marcada Humanidad

· Su Coherencia de Vida

Disciplina: un hombre metódico, práctico, trabajador dispuesto a gastarse por sus ovejas y dispuesto a sacar el mayor beneficio del tiempo en esta tierra, aprovechando cada momento de manera organizada y eficaz. Esto se logra con una voluntad férrea. Voluntad que debemos poner al servicio de Dios en toda nuestra vida.

Humanidad: no existe cristianismo sin capacidad de servicio. Todo el estudio, toda formación, todo acto de piedad está dirigido a la acción de amar, por tanto, llenarse de Cristo, aceptar su llamado nos lleva indefectiblemente a ser otros Cristos para nuestros hermanos en todos los ambientes que vivimos y esto es lo que ha hecho nuestro cardenal, no por lo que el mundo nos diga si no por lo que la comunidad expresa y siente de el: un hombre cercano, un hombre solidario con el pueblo dominicano sobre todo con los más necesitados.
Coherencia: todo lo que se dijo en el día de ayer y todo lo que se pueda decir en el futuro sobre nuestro Nicolás de Jesus Cardenal Lopez Rodríguez no tendrían ningún valor sin esta virtud, la virtud de la coherencia. Hablar bonito, saber mucho, hacer obras no servirían de nada si no existe la coherencia de vida. Coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Coherencia entre lo que se sabe y lo que se vive. Coherencia entre el hacer y el sentir.

Cuánto aprendí en el día de ayer de la vida de nuestro cardenal. El cristiano únicamente con su vida puede dar testimonio del amor de Dios, de su encuentro con Cristo y de la acción del espíritu Santo en su vida. Pidamos la gracia en este día al Señor de ser siempre coherentes con nuestro mensaje, con nuestro credo y con nuestro maestro. Pidamos la gracia de ser auténticos cristianos y vivir y hacer vivir a otros la vida de gracia con la dignidad de los hijos de Dios. Gracias por su vida señor Cardenal.

Aqui en estos links pueden ver la nota publicada por varios medios


viernes, 17 de marzo de 2017

¿Cuáles son las hijas de la envidia?

¿Qué es la envidia?, ¿Cuáles son las hijas de la envidia? Citando a San Gregorio, Santo Tomás señala cinco hijas: el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción por su prosperidad.

La historia de Jose y sus hermanos es la 1ra lectura hoy...Cuanto mal causado por una simple túnica de colores que le regalo su Padre... "Jacob le había regalado a José una túnica de todos colores. Y a los mayores le daba muchos celos que fuera José el dueño de esa bella túnica..."


Santo Tomás de Aquino, en la Suma de Teología – un texto del que siempre se aprende mucho – , dedica a la envidia la cuestión 36 de la Secunda secundae. Y, al respecto, formula cuatro preguntas: ¿Qué es la envidia?, ¿es pecado?, ¿es pecado mortal?, y si es pecado capital y sobre sus hijas. A la vanidad, o, para ser más exactos, a la “vanagloria”, dedica el Aquinate la cuestión 132 de la misma parte de la Suma. Y plantea, al respecto, cinco problemas; entre ellos se pregunta también cuáles son las hijas de la vanagloria.
 


¿Cuáles son las hijas de la envidia? Citando a San Gregorio, Santo Tomás señala cinco hijas: el odio, la murmuración, la detracción, la alegría en la adversidad del prójimo y la aflicción por su prosperidad. Cada una de estas “hijas” corresponde al proceso de la envidia: “Al principio, en efecto, hay un esfuerzo por disminuir la gloria ajena, bien sea ocultamente, y esto da lugar a la murmuración, bien sea a las claras, y esto produce la difamación. Luego quien tiene el proyecto de disminuir la gloria ajena, o puede lograrlo, y entonces se da la alegría en la adversidad, o no puede, y en ese caso se produce la aflicción en la prosperidad. El final se remata con el odio, pues así como el bien deleitable causa el amor, la tristeza causa el odio”.

Por su parte, la envidia misma es hija de la vanagloria. Y ésta es una madre fecunda, pues alumbra “la desobediencia, la jactancia, la hipocresía, la disputa, la pertinacia, la discordia y el afán de novedades”.
 
Termino con esta frase de Santo Tomas Moro que me parece....era lo que tenia el mismo Jose en su Corazon y es como debemos vivir los cristianos porque nada pasa porque si, la historia no termina con Jose adentro del pozo, sino que Dios usa todo para liberacion y Gloria de su nombre.
Dios te bendiga, no te canses de hacer el bien.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuaresma: Tiempo de Salvación

No encuentro mejor titulo para este tiempo...Tiempo de salvación.

Mi tiempo esta limitado para los escritos en estos dias, Dios lo sabe, por eso solo les comparto algunas notas sobre este tiempo que les serviran de mucho. Dios les bendiga y les guarde, les otorgue un verdadero Corazon convertido y nos de la gracia de volvernos a El cada dia hasta nuestro primer dia en su presencia.

Este mensaje me lo compartio el P. Yorqui por WA:

Les anuncio la cuaresma.

Hoy comienza la cuaresma. Este es el tiempo favorable, tiempo de salvación. La Iglesia con la imposición de las cenizas nos envía a luchar contra el diablo. Las armas que nos entrega son limosna, la oración y el ayuno. Con estas tres armas vermos como nos ha engañado el demonio en el triple mendato de amarlo con todas las fuerzas el ayuno, con toda la mente la oración, y con todo el corazón la limosna.

Estas tres armas nos ayudan a discernir para que cuando lleguemos a la vigilia pascual sepamos a que debemos renunciar.

Entremos a la cuaresma. Es volver al útero de la Iglesia para hacer un catecumenado. Es ahí donde nos gestamos en la fe. La Iglesia reproduce en la cuaresma lo qur el pecado degenera. La cuaresma es volver a entrar en el bautismo para ser liberado de las trampas actuales del demonio. Hoy yo tengo una esclavitud de la cual debo ser liberado.

Vamos, con la gracia de Dios, a reconciliarnos con Dios. Este es el tiempo favorable. Este es el día de salvación.

Les dejo varios calendarios de cuaresma, elijan el que mas les guste, pueden hacer el suyo, esa es la ofrenda que mas le gusta a Dios




martes, 31 de enero de 2017

¿Martires? : No hay "patrocinio" ni cobertura para esos

La sangre de los mártires es semilla de cristianos

“Una Iglesia sin mártires, me atrevo a decir, es una iglesia sin Jesús”, afirma concluyendo el Papa que nos invita a rezar “por nuestros mártires que sufren muchísimo”. “Recemos por las iglesias que nos son libres de expresarse: ellos son nuestra esperanza”. Papa Francisco

 Algunos piensan que ser mártir es cosa del pasado, piensan que es una tarea relegada a san Esteban, a los discípulos de Cristo o a los miles que murieron perseguidos por Nerón. Hoy día, la tarea nuestra también es morir, morir a nuestro pecado; el martirio solo es posible cuando se hace con la vista puesta en Cristo y con un propósito mayor a nuestros deseos: para mayor gloria de Dios...solo así rinde frutos; sin embargo, el martirio heroico, de sangre, no es cosa de la antigüedad sino que es más actual que nunca. Miles mueren tan solo por decirse cristianos...y eso no se ve en los medios, no sale en los titulares, no es "interés" del mundo...pero están allí. El hecho de que no le interese al mundo no significa que no ocurra. Están allí. Gente entregada, gente normal, gente que quiere vivir según los designios de Dios. Gente que es violentada, a quienes les quitan su libertad, sus familias, sus templos. Esa causa no tiene "patrocinio" de ninguna marca ni empresa porque no le deja "dinero" a nadie, sin embargo, rinde frutos de santidad a manos llenas. Los mártires, han sido y serán siempre testigos del amor. Testigos de la gracia de Dios. Testigos y granos que mueren y al morir esparcen su semilla a muchos que seguimos en este camino… "para mí el morir es ganancia”, diría san Pablo. Dios nos regale la gracia de morir cada día a nuestras faltas, que podamos morir a nosotros para ser más Cristo para los demás, para mi esposo, para mi madre, para mi padre, para quienes están en el trabajo conmigo, para el que me atiende en el banco o el delivery del colmado que va a mi casa. Dios nos de la gracia de comprender que muriendo es que podemos dar vida. Amén




Pintura: La última oración de los mártires cristianos, Jean-Léon Gérôme (1883).
 
 
Existe una compilación que narra los últimos momentos de estos hombres y mujeres: “Acta de los Martires”, una sola leída a alguno de esos momentos, créanme, conmueve al más fuerte, transforma y mueve el corazón. Aquí te dejo el link.

Tambien te comparto un escrito del Papa Francisco:
 
Papa Francisco: ¿Qué pasa que hoy hay más mártires que nunca, y no salen en la TV?
Homilía hoy en Casa Santa Marta

jueves, 26 de enero de 2017

"Dios, Patria y Libertad!"... "¿Dios, Patria y Libertad?"

Hoy recordamos a Juan Pablo Duarte. ¡Que letra la de su himno!, ¡que hombre tan inspirado por Dios!. El estaba clarito de las cosas: "Dios, Patria y Libertad", en ese mismo orden de importancia y claridad nos logró la independencia.

Escuchando su himno me pregunto... ¿en cuál fragua estamos formando hoy a nuestros ciudadanos?, ¿en la escuela?...pero ¿en cuál escuela?, ¿dónde está la cátedra de moral y civismo que indica el himno, cuando hoy se discuten temas tan elementales como querer permitir el asesinato de bebes en el vientre de las madres dominicanas?. Dios inspire a nuestros legisladores para que se mantengan fieles a la vida, fieles a su compromiso de legislar para todos, incluyendo esos dominicanos que se gestan en la cuna que debería ser la más segura: el regazo de su madre. ¡Viva la Republica Dominicana!

 Himno a Juan Pablo Duarte

En la fragua de la escuela
nuestra patria fue forjada,
y al calor de tu enseñanza
le infundió vida sagrada.
La gloriosa trinitaria
que fundara tu heroísmo
fue la cátedra primera
de moral y de civismo.
Fuerza era que un maestro
preparara la conciencia
donde habría de nacer
la soñada independencia.
Y es así como cantando
tus virtudes haya el estro,
junto al padre de la patria
la figura del maestro.
En la escuela se te honra
por tus hechos sacrosantos
en las letras y las notas
encendidas de sus cantos.
Y al honrarte recordamos
tu patriótico heroísmo,
es al prócer y al maestro
que los dos son uno mismo.
La Bandera dice Patria
y al decirlo se revela
que es el alma de la patria
señalándonos la escuela.
 
 

martes, 17 de enero de 2017

Ponerme las Sandalias de Cristo


...¿Me tocó un hermano de comunidad medio difícil?. No importa, ese… ¡me lo gano para Cristo!, no por mis méritos sino por la santa gracia de Dios. Ayúdame Maestro a verle como Tú le ves, a devolver siempre el bien, orando y dándote gracias. -“¡Eso no es fácil!”, me vas a decir…. Bien…nunca nos dijeron que lo fuera. Bájate de ese “pedestal de la razón” y pide la gracia para que puedas empezar a amar. Es su gracia, no la tuya…..¡ah! y por si queda alguna duda…SI SE PUEDE, sino pregúntenle a San Pedro, a San Mateo, a Santiago y Juan, Esteban,…se lo pongo más actual (no me vayan a decir que eso es algo de “la antigüedad”)…a Madre Teresa, a Teresita de Lisieux (que no tuvo todo color de rosas – como a veces pensamos), a Juan XXIII, a Santa Faustina Kowalska, a Madre Angélica, a Padre Pio, a Edith Stein y tantísimos otros…

Si Dios te puso en esa comunidad es para dar, no para recibir; pues solo se recibe, dando; Solo se aprende, haciendo; solo se da testimonio, viviendo. Por eso dijo Santiago: “Muéstrame tu fe sin obras que yo por mis obras te mostrare mi fe”. “Obras son amores y no buenas razones”, dice el refrán. La fe que solo está escrita en libros, repetida y no vivida, lamentablemente no florece, se muere. Estamos llamados a dar fruto y ese fruto no es solo “el que me gusta y cuando me gusta… y con quien me gusta”. ¿No te parece un cristianismo muy cómodo?, ¿Eso fue lo que nos enseñó el Maestro?, ¿o nos mostró el cristianismo en la entrega, en el heroísmo, en el mazo esperanzador de la cruz que es muerte a mi “yo” y Gloria del Padre amado?.

Hay que ponerse las sandalias de Cristo cada vez que salimos a la calle, es más, no solo cuando salimos a la calle…hay que tenerlas puestas siempre, sobre todo en casa, porque solo con sus sandalias puestas podemos vivir en un constante conversatorio con Cristo. ¿Qué harías Señor ahora?, ¿Cómo enfrento este asunto que no me da paz? ¿Qué le pasa a este hermano, hermana que anda hiriendo a los demás y lastimándose a sí mismo? ¿Porque se aísla y se queda solo con sus razones? ¿Cómo puedo ayudar a acercarlo a ti? ¿Qué harías tu maestro, como puedo mostrarle tu bondad?. Tú conoces su vida, Tú conoces sus miserias, sus carencias, sus heridas y conoces también mis limitaciones; mira que me cuesta mucho quererle y más aún “hacerle algún bien”. Sé que si logro conectarlo contigo, Tú que eres el bien supremo, la verdad y la luz, puedes sanarle. Tú si puedes iluminar su vida, sus carencias… sanar sus heridas; ayúdame a ser bálsamo para su vida. A tener paciencia con mi hermano, al menos un poco de la mucha que tienes conmigo. Ayúdame a amarle para no ser mentirosa, pues como dice San Juan, no puedo decir que te amo a ti y no amar a mis hermanos.

«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» 1 Juan 4:20.



-“¡Ese hermano está haciéndolo mal, está muy equivocado!”, también me vas a decir…. Bien, así como misericordia es dar de comer al hambriento, de beber al sediento y vestir al desnudo, misericordia es también corregir al que se equivoca. Por “misericordia mal entendida” se perderán muchas almas. La misericordia no es “blandengue”, no me canso de decirlo, la misericordia es firme en el amor pues si fuera de otra manera el mismo Dios nos dejara en nuestro rumbo equivocado una vez que nos encontramos con El, pero no es así. Siempre rectifica nuestro camino con amor y firmeza. “Vete y no peques más”



Pidamos la gracia de ponernos siempre las sandalias de Cristo para que con su ayuda podamos ser pacientes con nuestros hermanos, pacientes también con nosotros mismos. Para que podamos realmente ayudarles en su camino al cielo y que su Gracia nos ayude en nuestro peregrinar, puesto que pecamos no solo de palabras y obras sino también por dejar de hacer un bien. Que el santo Espiritu grabe con fuego en nuestro Corazón que debemos hacer el bien siempre, que tenemos que vivir en santidad: ¡Santos o nada!


Dios les bendiga

lunes, 16 de enero de 2017

La búsqueda de Dios - Carta de San Alberto Hurtado en el 1952, parece que la escribio HOY

La búsqueda de Dios
Meditación que el Padre Hurtado pidió que se publicara después de su muerte

Época trágica la nuestra. Esta generación ha conocido dos horribles guerras mundiales y está a las puertas de un conflicto aún más trágico, un conflicto tan cruel que hasta los más interesados en provocarlo se detienen espantados, ante el pensamiento de las ruinas que acarreará. La literatura que expresa nuestro siglo es una literatura apocalíptica, testimonio de un mundo atormentado hasta la locura.

¡Cuántos, en nuestro siglo, si no locos, se sienten inquietos, desconcertados, tristes, profundamente solos en el vasto mundo superpoblado, pero sin que la naturaleza ni los hombres hablen de nada a su espíritu, ni les den un mensaje de consuelo! ¿Por qué? Porque Dios está ausente de nuestro siglo. Muchas definiciones se pueden dar de nuestra época: edad del maquinismo, del relativismo, del confort. Mejor se diría una sociedad de la que Dios está ausente.

Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, y nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos. Dios en sí mismo parece no interesarnos. La contemplación está olvidada, la adoración y alabanza es poco comprendida. El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad, funda los juicios de valor. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar económicamente.

Hasta los cristianos, a fuerza de respirar esta atmósfera, estamos impregnados de materialismo, de materialismo práctico. Confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida de cada día está lejos de Él.
Nos absorben las mil ocupaciones. Nuestra vida de cada día es pagana. En ella no hay oración, ni estudio del dogma, ni tiempo para practicar la caridad o para defender la justicia. La vida de muchos de nosotros ¿no es, acaso, un absoluto vacío? ¿No leemos los mismos libros, asistimos a los mismos espectáculos, emitimos los mismos juicios sobre la vida y sobre los acontecimientos, sobre el divorcio, limitación de nacimientos, anulación de matrimonios, los mismos juicios que los ateos? Todo lo que es propio del cristiano: conciencia, fe religiosa, espíritu de sacrificio, apostolado, es ignorado y aun denigrado: nos parece superfluo. La mayoría lleva una vida puramente material, de la cual la muerte es el término final. ¡Cuántos bautizados lloran delante de una tumba como los que no tienen esperanza!



La inmensa amargura del alma contemporánea, su pesimismo, su soledad... las neurosis y hasta la locura, tan frecuentes en nuestro siglo, ¿no son el fruto de un mundo que ha perdido a Dios? Ya bien lo decía San Agustín: “Nos creaste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

Felizmente, el alma humana no puede vivir sin Dios. Espontáneamente lo busca, aun en manifestaciones objetivamente desviadas. En el hambre y sed de justicia que devora muchos espíritus, en el deseo de grandeza, en el espíritu de fraternidad universal, está latente el deseo de Dios. La Iglesia Católica desde su origen, más aún, desde su precursor, el Pueblo prometido, no es sino la afirmación nítida, resuelta, de su creencia en Dios. Por confesarlo, murieron muchos en el Antiguo Testamento; por ser fiel al mensaje de su Padre, murió Jesús; y después de Él, por confesar un Dios Uno y Trino cuyo Hijo ha habitado entre nosotros, han muerto millones de mártires: desde Esteban y los que como antorchas iluminaban los jardines de Nerón, hasta los que en nuestros días mueren en Rusia, en Checoslovaquia, en Yugoslavia; ayer en Japón, en España y en Méjico, han dado su sangre por Él. A otros no se les ha pedido este testimonio supremo, pero en su vida de cada día lo afirman valientemente: Religiosos que abandonan el mundo para consagrarse a la oración; religiosas que unen su vida de obreras, en la fábrica, a una profunda vida contemplativa; universitarios animados de un serio espíritu de oración; obreros, como los de la JOC, que son ya más de un millón en el mundo, para los cuales la plegaria parece algo connatural; y junto a ellos, sabios, sabios que se precian de su calidad de cristianos. Hay grupos selectos que buscan a Dios con Un fuego que enciende otros fuegos toda su alma y cuya voluntad es el supremo anhelo de sus vidas. Y cuando lo han hallado, su vida descansa como en una roca inconmovible; su espíritu reposa en la paternidad divina, como el niño en los brazos de su madre (cf. Sal 130). Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él. Frente a Dios, todo se desvanece: cuanto a Dios no interesa se hace indiferente. Las decisiones realmente importantes y definitivas son las que yacen en Él.



Al que ha encontrado a Dios acontece lo que al que ama por primera vez: corre, vuela, se siente transportado; todas sus dudas están en la superficie, en lo hondo de su ser reina la paz. No le importa ni mucho ni poco cuál sea su situación, ni si escucha o no sus oraciones. Lo único importante es: Dios está presente. Dios es Dios. Ante este hecho, calla su corazón y reposa. En el alma de este repatriado hay dolor y felicidad al mismo tiempo. Dios es a la vez su paz y su inquietud. En Él descansa, pero no puede permanecer un momento inmóvil. Tiene que descansar andando; tiene que guarecerse en la inquietud. Cada día se alza Dios ante él como un llamado, como un deber, como dicha próxima no alcanzada.

El que halla a Dios se siente buscado por Dios, como perseguido por Él, y en Él descansa, como en un vasto y tibio mar. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esa misma búsqueda. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se le halla. Lo oímos en las crujientes olas, y sin embargo calla. En todas partes nos sale al encuentro y nunca podremos captarlo; pero un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro.

Cuando hemos hallado a Dios, todos los bienes de este mundo están hallados y poseídos. El llamado de Dios, que es el hilo conductor de una existencia sana y santa, no es otra cosa que el canto que desde las colinas eternas desciende dulce y rugiente, melodioso y cortante. Llegará un día en que veremos que Dios fue la canción que meció nuestras vidas. ¡Señor, haznos dignos de escuchar ese llamado y de seguirlo fielmente!