Mostrando entradas con la etiqueta sembrador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sembrador. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de julio de 2017

Solo el grano que muere da fruto


Me encanta la paciencia del Maestro, explicándonos las parábolas…
Pónganse a pensar, nos habla del reino en palabras fáciles, nos lo pone “a tiro de hit”, versión cuentecitos y ¡aun no entendemos!.. encima de todo eso, nos los explica…para los que nos quedan dudas y para que conste; aun así continuamos tantas veces sin entender y haciendo lo que no tenemos que hacer.
Gracias por explicarnos, por tu paciencia, por tu misericordia, por tu gracia.
Gracias por abrir nuestros ojos, nuestros oídos, por sanar nuestras enfermedades (las del cuerpo y las del alma), por quitarnos las vendas de los ojos, por sanarnos, por redimirnos.

Que nos convirtamos cada día más profundamente a tu palabra, siguiendo tus preceptos, buscando tu verdad, guiados por tu santa luz.

Los que oyen la palabra de Dios y la entienden, ésos dan fruto

Les comparto esta breve grabación andando en mi vehículo, un día cualquiera, luego de salir de visitar a Jesus eucaristía, precisamente sobre el sembrador.

† Lectura del santo Evangelio según según Mateo 13, 18-23

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Ustedes oigan lo que significa la parábola del sembrador. A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos sembrados al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas, la sofocan y queda sin fruto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Cada Mañana     

AUTOR: Cesáreo Gabaráin

Una mañana el sembrador
salió a los campos para sembrar.
Una mañana el sembrador
sembró en mi vida su bondad.
 

Cada mañana el sembrador
sembrando está en mi co-ra-zón.
Cada mañana el sembrador
espera el trigo   de mi amor.


Una mañana el sembrador
sembró el camino y el pedregal.
Una mañana el sembrador
no pudo entrar en mi heredad.


Una mañana el sembrador
en tierra buena quiso sembrar.
Una mañana el sembrador
tan sólo espinas pudo hallar.

 
Una mañana el sembrador
en cada grano cien quiere hallar.
Una mañana el sembrador
sembró en mi vida con afán.

 

lunes, 14 de julio de 2014

Nuestro trabajo: ayudar a regar la semilla

La parábola del sembrador me llena siempre de optimismo.  No cesa de asombrarme Dios que en su afán por salvar a los hombres siembra en todo momento y más que nada, siembra en todo terreno.  (-“menos mal que siembra en todo terreno, porque sino, ay de nosotros, jajajaja”)
Siembra en el camino, en las rocas, en la tierra…en todas partes, así seamos egoístas, complicados, haraganes, estudiosos, amistosos, serios…en fin, siembra en todos los corazones. Cuanto tenemos que aprender de nuestro Padre del cielo. Estamos llamados simplemente a ayudar a regar las semillas, a más nada, aquello de que germine, crezca y toda la parte de la cosecha le tocan a Jesus y al Padre; Sin embargo cuantas veces, nosotros, que recibimos esa semillita hermosa del evangelio la regamos y repartimos solo a quienes nos interesa, a quienes nos caen bien, en quienes hacemos el menor esfuerzo …es ahí donde nos perdemos porque entran en juego nuestros criterios, que siempre egoístas, jamás serán parecidos a los del Padre.


Nosotros los cristianos (Y cuando escribo esta palabra realmente me hace temblar en mis entrañas, seré verdaderamente cristiana?); nosotros que hemos recibido la buena noticia de parte de Cristo, que hemos recibido su misericordia, su mensaje, sus mandatos,  tenemos la obligación de cumplir con nuestra parte: “ Id y predicad el evangelio a todas las gentes” , “Los envío a proclamar el Reino y a curar” (Lc. 9, 12) es el mandato de Jesús a sus discípulos que hoy nosotros como cristianos debemos asumir.
Somos multiplicadores en esto de regar la semilla, a todos y en todo momento. Llevando esperanza y ocupándonos de que todos nuestros hermanos también aprendan y colaboren con la causa.
En la causa del Señor no existen “Caciques”, “Gobernadores”, “Jefes”…en la causa de Dios existen hermanos, amigos que se unen para un bien común. Siempre es bueno recordar  que  Jesús  estableció la caridad como distintivo de sus discípulos con estas palabras: “En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tienen caridad unos con otros” (Jn. 13,35).


Con estas palabras podemos enmarcar la misericordia para con los necesitados y los enfermos y todas las llamadas obras de caridad y de ayuda mutua para aliviar necesidades humanas, pero también  con estas palabras tenemos que enmarcar la enseñanza, la dedicación y el dar a los demás los conocimientos aprendidos en el camino de nuestra vida dentro de la Gracia. Estamos para ser puentes, no me canso de decirlo. En la vida cristiana no cabe el  “yo-ismo”, el egoísmo, la envidia, la habladuría para luego profesar que los demás están equivocados y aupar la vanagloria personal.  Esos no son frutos del Santo Espíritu, sino de otro espíritu, que no es ni remotamente santo. Y no me refiero a las criticas constructivas, que mucha falta hacen, sobre todo cuando son hechas con caridad.  Es necesario REGAR LA SEMILLA, es necesario dar lo que de gratis hemos recibido. Es así como nuestra Iglesia CRECE, es así como tú mismo creces, como la Gracia te transforma, como se moldean todas tus miserias, que son muchas.


No tenemos tiempo que perder. Pienso siempre en un bebe cuando empieza a caminar, necesita de sus padres, necesita que lo ayuden. Así mismo somos nosotros, necesitamos unos de otros y Dios, que es el omnipotente, por algún motivo, quiere que colaboremos a su causa unos con otros…pero claro!, claro que quiere que colaboremos! Es que todos somos parte de su cuerpo, es que solo así nos santificaremos. Ay de mi alma si me llevara bien con todo mundo, si no me costara entre veces llevarme con algún hermano, porque entonces no me santificaría.

Si todos somos parte del cuerpo de Cristo porque todos somos hijos de Dios, entonces, si un miembro sufre todo el cuerpo sufre. Si nos damos en el dedo chiquito del pie, nos duele todo el cuerpo…es lo mismo; Y como un solo cuerpo tenemos que luchar porque esa misericordia llegue unos con otros.

Una vez escuche a Salvador Gómez decir que cuando un bebé empieza a hablar al inicio balbucea, luego dice varias palabritas…luego va creciendo y cada vez dice más, ya a los 3 o 4 años, está más grande y habla oraciones completas…pero que ningún padre puede estar contento si tiene un bebé y resulta que a los 4 años está balbuceando todavía y no sabe hablar, no va en progreso. Así somos nosotros en la vida de Fe, por obligación tenemos que crecer y desarrollarnos y ayudar a otros a hacerlo, no podemos encontrarnos con Cristo, recibir la semilla y luego atrofiarnos…sería un desperdicio.

Hermanos, crezcamos internamente con ese fervor del primer encuentro que cada día se hace nuevo y luego que crezcamos y nos alimentemos, ayudemos a otros a crecer y desarrollarse, seamos dadivosos como nuestro Padre del cielo lo es con nosotros. Ayudemos cada día a regar esa hermosa semilla que el sembrador pone en nuestro corazón esperando la cosecha de nuestro amor.

Dios les bendiga, una hija amada de Dios,
Nathalie Romero de Grau