lunes, 26 de junio de 2017

Dios permite nuestras adversidades para dos cosas


Jesús nos enseña que todos los hombres son llamados a la verdad, que todos pueden tener una segunda oportunidad, que no quiere que se pierda ni uno en este camino y nos pide que juzguemos primero nuestras faltas antes de ver las faltas de nuestros hermanos; porque solamente si somos capaces de reconocernos pecadores, entonces seremos capaces de comprender a los demás. Solo desde nuestras miserias podremos ayudar rectamente y con caridad. Mucho ganamos al tener a los demás por encima nuestro. Hoy es buen día para hacer propósito de ver lo bueno en los hermanos y no criticarles sus pocas faltas. Hoy es buen día para dejar que el Santo Espíritu more en nuestra carne dándonos conocimiento de nuestras faltas y agradeciendo la misericordia de Dios para con nosotros….que no es poca.
Amar es una tarea constante para el cristiano y es el sello distintivo. Amar es confiar, pese a cualquier circunstancia. Tener la certeza de que Dios está con nosotros, que no permitirá nada que no sea necesario para nuestra salvación o la salvación de otros.
Le decía a mi hija una vez que Dios permite nuestras adversidades para dos cosas:
Primero para que veamos que sin Dios no somos nada. Somos polvo, animales, pura carne llena de inseguridades, miedos, egoísmos, falsedad, mentiras, podredumbre.

Cuando el hombre está sin Dios es capaz de ser el ser más cruel sobre la tierra puesto que pierde su sentido y se pone en medio de su universo, se idolatra a sí mismo, se pierde en la mezquindad de sus propias miserias y finalmente se vuelve prisionero de los más bajos ideales, produciendo esto enfermedad del alma y muerte a la vida de Gracia; pero aun ahí y es más, en ese momento, es cuando más buscados somos por Dios, cuando nos hace ver su amor y si permitimos que ese rayo de luz penetre el corazón, desde ese momento de oscuridad surge la más bella experiencia y encuentro del amor de Dios; de eso se vale Dios para enamorar más al hombre, para llenarle de sus bendiciones para decirle que le ama y ese encuentro con Cristo vivo, con la persona misma del amor es lo que nos permite salir de la oscuridad y volver a la luz, a la santa paz.
 
Dice el Kempis:  “Los ojos pon en ti mismo, y guárdate de juzgar las obras ajenas. En juzgar a otros trabaja el hombre en vano, y yerra muchas veces, y peca fácilmente; mas juzgando y examinándose a sí, trabaja con fruto. Muchas veces juzgamos la cosa conforme a nuestro apetito, mas perdemos ligeramente el verdadero juicio por el amor propio. Si fuese Dios siempre el fin puramente de nuestro deseo, no tan presto nos turbaría la contradicción de nuestra sensualidad; mas muchas veces tenemos algo de dentro escondido, u de fuera ocurre, cuya afición nos lleva tras sí. Muchos buscan propio interés secretamente en las honras que hacen, y no lo entienden, y paréceles estar en buena paz cuando se hacen las cosas a su propósito; más si de otra manera suceden, presto se alteran y entristecen. Por la diversidad de los pareceres muchas veces se levantan discordias entre los amigos y vecinos, entre los religiosos y devotos. La vieja costumbre con dificultad se deja. Ninguno tacha de buena gana su propio parecer. Si en tu razón e industria te esfuerzas más que en la virtud de la sujeción de Cristo, tarde, y pocas veces tendrás lumbre; porque quiere Dios que nos sujetemos a ´el perfectamente, y que trascendamos toda razón, inflamados de su amor.”  

La segunda razón por la que Dios permite la adversidad es para poder consolar a los demás. ¿Cómo has de consolar a quien está pasando un momento de miseria si no puedes sufrir con él o con ella, si no conoces su situación?
Si te ha tocado alguna cosa similar puedes indicarle como lo superaste y ¿sabes?... en la infinita sabiduría de Dios Padre, así también El sana tus heridas,  si es que alguna ha quedado abierta y aun sin sanar; Solo quien ha sufrido enfermedad puede consolar un enfermo, solo cuando hemos pasado hambre podemos conocer lo que es la falta de alimento, solo cuando hemos pecado y sufrido por nuestras faltas y recibimos el amor de Dios, su perdón y misericordia somos capaces de ver lo bueno en los demás y lo pequeñas de sus faltas comparadas con las nuestras. Como dice una canción que me gusta mucho : ”Si no fuera por esas cosas como podría yo  mirar a Cristo en la cruz y desear ser como El, si no fuera por mis penas como iba a comprender al que sufre y desespera, anhelando amanecer?”
 
Continua Kempis más adelante: “Bueno es que algunas veces nos vengan cosas contrarias, porque muchas veces atraen al hombre al corazón, para que se conozca desterrado, y no ponga su esperanza en cosa del mundo. Bueno es que padezcamos a veces contradicciones, y que sientan de nosotros malamente, aunque hagamos buenas obras, y tengamos buena intención. Esto ayuda a la humildad, y nos defiende de la vanagloria.

Cuando el hombre bueno es atribulado o tentado, o afligido con malos pensamientos, entonces conoce tener de Dios mayor necesidad; pues ve claramente que al fin no puede nada bueno. Entonces de verdad se entristece, gime y llora por las miserias que padece. Entonces le enoja la larga vida, y desea hallar la muerte, por ser desatado, y estar con Cristo. Entonces conoce bien que no puede haber en el mundo perfecta seguridad, ni cumplida paz.”
Pidamos la santa gracia de ver con caridad las pocas faltas ajenas y proponernos trabajar las nuestras con perseverancia, Y si en algún momento nos toca ver algo verdaderamente feo dentro nuestro, sea nuestra santísima Madre Maria quien nos acompañe en tan necesario encuentro de miseria y corazón ya que ella con gran amor nos llevara de vuelta dentro de nuestras penas a los pies de su hijo quien nos dará alegría plena.

Dios te bendiga.

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