lunes, 5 de agosto de 2019

Nos vemos en el cielo Don Joseph Chamoun

Hoy me toca despedirte hermano y amigo. Palabras, la verdad no es que salen muy fáciles, sentimientos encontrados, pero estoy más que conmovida por la misericordia y bondad de Dios para contigo. Antes de nada decirte gracias por tanto. Gracias por tanto amor, tanta entrega, tantos "dulcitos" para mi y mi familia, para nuestros hermanos. Sé que has de estar junto a tu amada Carlotica en el cielo y además estar en la presencia plena de nuestro Señor. Pasaste mi hermano tu vida, haciendo el bien, te voy a llevar SIEMPRE en el corazón con una gran sonrisa, recordaré tus chistes y todas tus ocurrencias. Como tu decias siempre...hoy, hay dos caminos, uno que lleva al sentir tu partida con gran tristeza y otro que me conduce a despedirte confiadamente en las manos de Cristo, ese que también a ti, al descubrir su gran amor, te volvió loco por las almas. Muchas cosas tengo para contar y decir de ti, muchas, ahora solo voy a compartir unas de tus sinceras y hermosas cartas...para muestra mi hermano, un botón. Nos vemos en el cielo, desde allá sigue pidiendo por todos nosotros.

Comparto además este link de un video que Jackeline, tu hija me hiciera gentilmente, en el que hablo de ti hermano muy querido. Quienes te conocimos, definitivamente, como decías, aprendimos mucho sobre Cristo, a través de ti.

https://www.facebook.com/jacqueline.chamoun2310/videos/vb.100006462304495/2600078993550819/?type=2&video_source=user_video_tab

 




Algunas cartas escritas por nuestro Joseph Chamoun
 

Queridos hermanos en Cristo Jesús:


¡Que bueno es sentirse llamado por el Señor! Ser feliz es lo que cada ser humano quisiera sentir. Ese ha sido el interés de todos los filósofos que han pasado por el mundo y, sin embargo, no se ha logrado lo que ellos pretendían.
Felicidad completa, dicen algunos que no existe. Dicen otros que sólo existen momentos de felicidad muy limitados y muy exclusivos para cierta clase de condiciones, para cierta clase de personas muy “afortunadas”, para cierta clase de circunstancias.
Se puede afirmar que donde entra en juego la mente y el corazón no puede haber verdadera felicidad.
Sólo en el Espíritu puede haber felicidad, donde no hay manipulación del medio, de las circunstancias ni de las personas.
Cuando la felicidad descansa en el corazón, va a depender de la actitud de las demás personas, de
cómo nos traten, de cómo nos valoren, de cómo nos valoramos nosotros mismos, de las personas que
estén a nuestro lado, de las personas que ya no estén a nuestro lado…
En ambos casos, dependerá de lo que podamos o no podamos tener.


La verdadera felicidad descansa en el Espíritu, nunca se va a mover porque la presencia de Dios, que es el Espíritu Santo, nunca se moverá de nuestro lado. Dios es el único que no se mueve nunca.
Como dijo alguien: “La felicidad no consiste en tener lo que uno quiere, sino en querer lo que uno tiene”.

 
Joseph Chamoun
 
 
5 de Agosto 2019
 
Queridos hermanos en Cristo Jesús:
 
Gracia y paz interior es lo que más deseo en esta vida para lograr actuar como Iglesia y sentir la verdadera felicidad.

Mientras estaba escribiendo esta carta, a las 5:40 a.m., un sacerdote franciscano hablaba del Perdón, tan necesario en este mundo donde la gente está llena de “heridas” que cometemos con mucha frecuencia cuando nos relacionamos con los demás. Y ese sacerdote dijo algo que me impactó: “Perdonar es la victoria de Dios en nosotros”.
Por eso saqué la conclusión de que he vivido muchísimos años lleno de heridas e hiriendo a los demás, creyendo con eso vengarme de los demás y así lograr “controlarlos”, a familiares, empleados, clientes, vecinos, etc., y con el tiempo descubrí que:
“Nadie puede controlar lo que le sucede”.
“Nadie puede controlar a los demás”.
“Sólo uno puede controlarse a sí mismo”.
Y nadie puede controlarse a sí mismo, si no se conoce.
El popular sicólogo y autor con éxito de ventas en el New York Times, Phil McGraw, afirma: “Siempre digo que la relación más importante que usted jamás tendrá es con usted mismo. Tiene que ser primero “su propio mejor amigo”. ¿Y cómo puede uno ser el “mejor amigo” de alguien a quien no conoce o que no le gusta? Es imposible. Por eso es tan importante descubrir quién es usted y esforzarse en llegar a ser alguien a quien usted respete y encuentre agradable”.
Sobre eso mismo les voy a dar un testimonio personal:
Hace tiempo asisto con mi esposa a la misa de las 6:30 a.m. en la Iglesia San Juan Bosco, que queda cerca del negocio y así evito los tapones de las 7:15 de la mañana y llego a tiempo al negocio. A veces la misa empieza exactamente a las 6:30 y da oportunidad a las monjas, a los empleados, a los dueños de negocios, etc., de llegar a tiempo a su trabajo. Pero, a veces, sea por falta de comunicación o por otras causas, el celebrante empieza la misa más tarde. Me fijo entonces en los asistentes, algunos muy tranquilos, otros mirando el reloj y otros salen de la Iglesia.
Como soy muy impaciente, y aparte tengo un sitio reservado para parquear el carro cerca del negocio, a veces me domino, me quedo sentado; pero a veces me viene a la mente acercarme a la sacristía y hablar con el párroco a ver si logran ser puntuales. Pero al leer que “nadie puede controlar a nadie, sino a uno mismo”, desistí de ir a la sacristía y decidí “dominarme a mi mismo”. Lo logré varias veces, pero mi mente estaba “más pendiente del reloj que de la Palabra”.
Entonces al leer lo de Phil McGraw, que tengo que ser amigo de mi mismo, al ver que ya el celebrante no había salido a las 6:50 a.m., me levanté con calma, fui a mi negocio y dije: “tengo oportunidad de asistir a misa por la tarde”. No me quejé, ni discutí, porque el problema no está en el sacerdote (como pensaba antes), sino en que soy muy impaciente.
Decía el comediante Jack Parr: “Al mirar atrás, mi vida parece como una larga carrera de obstáculos, y todo parece indicar que yo fui el mayor obstáculo”.
El sicoterapeuta Sheldon Kopps cree que “todas las batallas importantes se libran y se ganan dentro de nosotros mismos”.
Un abuelo le decía a sus nietecitos que dentro de cada ser humano dos lobos viven peleando. El primer lobo es la mentira, la venganza, el odio, la corrupción, el asesinato, el robo, etc. El segundo lobo es el amor, el perdón, la misericordia, la solidaridad, el sacrificio, etc.
Y uno de los nietecitos le preguntó: “Abuelito, ¿quién ganará?”
Y el abuelito le contestó: “El que tu elijas y alimentes”.
Hermano que me estás leyendo, he vivido muchos años como el primer lobo, pensando que de esa manera lograba el éxito en la vida… hasta que Dios se apiadó de mi y me hizo descubrir mis limitaciones para no seguir culpando a los demás de mis fracasos.
 
Dios les bendiga.


Queridos hermanos en Cristo Jesús:


 

Que la Gracia y la Paz del Señor estén siempre con nosotros, a pesar de las tentaciones y las contrariedades que surgen en nuestra vida. Y si nos mantenemos firmes en el seguimiento a Cristo, El (Dios) nos va llevando poco a poco hacia lo que espera de nosotros.

Corría el año 1974 y en ese tiempo estaba arreglando parte del edificio donde está ubicado mi negocio. Cambié las ventanas, las puertas, etc. Y decidí vender todo lo viejo. Me hablaron de un señor que acostumbra comprar todo lo “viejo”; lo llamé y conversando con él, mencionó varios pueblos del interior que visitaba, entre ellos a Bohechío. Entonces le dije que yo visito Bohechío anualmente y el señor se sorprendió y me dijo: - ¿Tu haces negocios con la gente de Bohechío? Le dije que no. Y siguió: - ¿Tienes alguna querida por allá? Y le contesté, “no”. El hombre que no tenía pelos en la lengua, asombrado me replicó: - ¿Y para qué tu visitas a ese pobre pueblecito?

 
Yo decía anteriormente, en esta carta, que cuando uno se mantiene fiel a Cristo después de conocerle, El nos va llevando poco a poco hacia el camino que nos tenía reservado.

 

En 1966, participé del cursillo #67 en el Colegio Calazans Mayor. En el año 1970 me mandaron a trabajar en el cursillo #18 de San Juan de la Maguana. Yo ya había asistido y trabajado en varios cursillos anteriormente, pero en ese cursillo pasó algo que no pasa generalmente en otros. Había 8 hermanos de Bohechío y uno de ellos, al terminar el cursillo, se le ocurrió escribir cartas de agradecimiento a cada uno de los dirigentes que participaron en el cursillo.

 

No sé cómo reaccionaron los demás dirigentes al recibir sus cartas, pero a mi me agradó, me impresionó muchísimo. Esto me motivó a escribirle una carta para decirle que recibí la suya y que Cristo cuenta con nosotros. Entonces ese hermano, José Dimas Luciano, volvió a escribirme para informarme cómo andaban esos 8 hermanos cursillistas y me hacía preguntas sobre cómo llevar mejor el Pos Cursillo para no perder la Gracia.

 

Le contestaba con otra carta. Así pasaron casi dos años y medio. Carta va, carta viene. Esos 8 hermanos hacían “reunión de grupo”, asistían a misa, asistían a todas las convivencias que se celebraban fuera de Bohechío y a todas las clausuras de cursillos que se celebraban en San Juan de la Maguana. En 1972, bajo un agua torrencial, vinieron en una guagüita cubiertos por una lona a San José de Ocoa. Y, sin embargo, se fueron enfriando poco a poco, porque les faltaba lo más importante: “formación y dirección espiritual”.

 
Como no había en ese entonces Escuela de Formación y un sacerdote fijo, les prometí mandarles semanalmente una carta en la cual escribía lo que yo aprendía en la Escuela de Formación de Santo Domingo. Y como se sentían mejor con las cartas, les seguí escribiendo. En el año 1973, o sea, 3 años después de celebrado el cursillo, nos invitaron a Tío Julio y a mi a conocer Bohechío.
 

Fuimos a Bohechío y llegamos primero a Sabana Yegua a las 6 de la mañana. Una guagua llegó 10 minutos más tarde desde Bohechío para recogernos, puesto que había que cruzar un río. Celebramos ese día una Ultreya; gozamos muchísimo y a las 4 de la tarde, todos juntos en la guagua cantando “De Colores” nos llevaron a Sabana Yegua para coger nuestro vehículo y regresar a Santo Domingo.

 
Ese día, prometimos volver todos los años y mandarles carta de formación semanal. Durante los primeros años siguientes, salíamos a las 3 de la madrugada para Bohechío para regresar el mismo día. Pero después decidimos quedarnos con ellos 3 días. En eso ya tenemos 33 años. Y mientras más pasan los años, más deseo tenemos de volver a Bohechío.
Al hermano que fue a comprar las puertas y las ventanas rotas, en 1974, yo le diría si pudiera encontrarlo: “La felicidad no está en la querida, ni en las ventas, sino más bien en sentirse útil y hacer felices a los demás”.


Hace 2 años, mi profesor Tío Julio ya no me acompaña físicamente, pero su recuerdo va conmigo siempre… y Dios me ha premiado con otros hermanos que me acompañan.


 

Dios les bendiga.
  

Joseph Chamoun





 Nos vemos en el cielo hermano!

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