martes, 11 de febrero de 2014

Pero Señor... ¿porqué me envías a mi?

Una de las grandezas del encuentro con Cristo, es que una vez recibes esa tremenda buena noticia, de saberte hijo amadísimo de Dios, quieres compartir ese regalo con los demás. ¡Con el mundo entero!.

Y este tiempo, se presta a tantas cosas hermosas...porque existen tantas maneras de llevar un mensaje de aliento: una sonrisa, un abrazo, una palabra de aliento, un mensajito escrito, por Facebook, Twitter, un correo, una foto en Instagram, en fin...muchísimas maneras.

Muchas veces, nuestro impulso se ve interrumpido por algunos "escrúpulos humanos" que empiezan a moverse en nuestra cabeza: "Pero que me he creído yo para llevar este mensaje?", "mejor voy después, ahora no estoy preparado""no voy a poder hacerlo bien", "mejor no hago nada y dejo eso así". "Ay pero es que yo no merezco dar testimonio de Cristo, porque soy tan poca cosa"...y muchos otros que escuchamos por ahí.

Y ¿saben qué?, Toda esa "palabrería interior" no viene de Dios. En las escrituras encontramos la respuesta a muchísimas de estas situaciones. Vemos figuras como Moisés, Gedeón, Abraham (por decir solo algunas)...que dijeron: "ay pero como es que me llamas a mí para hacer esto Señor,  si yo soy débil y no puedo. Pero todos ellos, a pesar de su pequeñez, dijeron SI al plan de Dios. 


Una vez llega a tu corazón, vamos a decir, ese "Llamado especial" de hacer algo para Gloria de Dios: PONTE EN MARCHA. No te puedes quedar con eso para ti, precisamente a eso es que se refiere la parábola de los frutos (higuera), o la parábola de la luz, que no es para encenderla y meterla debajo de una cama, y así muchas otras. Tienes dones, porque Dios quiso regalártelos, pero esos dones NO SON TUYOS, vienen de Dios y tienen que estar al servicio de Dios y de los hombres que son tus hermanos. Están allí para acercarte a ti y  a los demás hacia Dios, para mas nada.

A Dios le encanta glorificar su nombre, haciendo grandes cosas con pequeñísimos instrumentos.

En los últimos años, me ha dado por pedir fervorosamente a Jesús por las vocaciones en mi familia, la de mis hijas, la de mi esposo, la mía. Te comparto mi oración:

"Maestro amado, te presento mi familia y cada una de nuestras vidas y te pido que nos permitas realizar las vocaciones para las que nos creaste. Enséñanos a discernir y llevar a cabo tu plan en cada una de nuestras vidas. Que podamos realizar con tu ayuda nuestra primera vocación que es vivir en santidad. Que mi esposo y yo podamos guiar a nuestras hijas en el camino que tú quieras para ellas y que les ayude a estar siempre en tu presencia. Danos sabiduría para guiarlas con tu luz. Y sobre todo, ayúdanos a crecer en el amor. Amén."

NO TENGAS MIEDO. JESÚS TIENE GRANDES COSAS PARA TI PLANEADAS. DÉJATE LLEVAR POR SU PROVIDENCIA. ESTAS EN LAS MEJORES MANOS.

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