lunes, 17 de junio de 2013

"Todo me es lícito, mas no todo conviene"

Esta frase la llevo como escudo de batalla diaria!

Todo lo podemos hacer, por supuesto...pero como nos dice San Pablo, no todo nos conviene o es para provecho de nuestra alma.

Sabemos que el Espíritu mora en nosotros, sabemos que somos seres espirituales pasando por una experiencia humana, sabemos que esta vida terrena no es nuestro fin, sabemos que estamos aquí en el mundo, pero que no somos de aquí y muchas veces actuamos como si tuviésemos amnesia temporal.


Oh Dios!....el mismo Espíritu nos va guiando, si! no te sorprendas...es como si tuviésemos un "chip" integrado que nos indica cuando las cosas son de Dios o no.

Estoy segura de que muchísimas veces te ha pasado igual que a mi. Como en los muñequitos que veías que aparecía un angelito o un diablito encima del hombro indicándole que hacer....más o menos así.

Cuando estamos de frente a alguna cosa que no es de Dios...como que no nos sentimos a gusto en ese momento o lugar, "algo no está bien", pero no sabes muy bien que... Ese "algo" no es más que el Espíritu que nos pone alerta; y como las cosas que vienen de Dios son de un único Espíritu Santo, las que no están dentro de esa unidad se perciben.
Retomo a San Pablo....todo lo podemos hacer, TODO, pero no todo nos va a ser de provecho.

Yo puedo ver televisión, claro!, todo lo que yo quiera...sin embargo, que gano si me pongo a ver programas llenos de groserías, de desnudez, de bailes raros?...de tarot, de lecturas de cartas, de adivinadores de números y horóscopos y suerte?...nada de eso es provechoso, todo es basura y nada de eso me va a causar bien.

Ah!, vale decir que ahora, hay muchas cosas, finísimas, que te venden el relativismo racionalmente, por ejemplo, "tu puedes lograr todo lo que te plantees, solo tienes que quererlo y ya lo tienes"...y dejan fuera a Dios convirtiéndote a ti mismo en dios y en esperanza. Es muy cruel porque te voy a decir algo, tu y yo que somos seres finitos, imperfectos ...cuando se nos acabe el "power" que quieren asignarnos, que va a pasar?, nos desmoronamos. No podemos poner en lugar de Dios ni a nosotros ni otras cosas.

El cristiano está en libertad de hacer lo que desee si se halla en armonía con la voluntad de Dios; pero hay una condición que se debe tener en cuenta: no debe hacer nada que pueda ser motivo de tropiezo para otro. 

 Los principios que gobiernan la vida del verdadero cristiano son el amor a Dios y el amor al prójimo. El cristiano está en plena libertad de hacer cualquier cosa que desee si no contradice estos dos principios guiadores (1 Cor. 10: 23).

Imagino a San Pablo predicando en el Areópago a los griegos...y hablando de que las infidelidades no son buenas, condenando los engaños, las orgías  en aquella sociedad y otras tantas cosas que aun en la nuestra la podemos ver.

Durante su paso por la gran ciudad griega, el Apóstol “se llenaba de indignación al ver la ciudad llena de ídolos” y discutía en las sinagogas y las plazas. Los atenienses estaban curiosos por lo que decía San Pablo y queriendo saber de qué se trataba todo aquello, curiosos por conocer detalles de la doctrina que anunciaba San Pablo, lo llevaron al Areópago. 

Allí el Apóstol, “…puesto en pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, por todo veo que sois muy religiosos. Al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros monumentos sagrados, me he encontrado incluso un altar con esta inscripción: ‘Al Dios desconocido’. Pues bien, lo que veneráis sin conocerlo, eso es lo que yo os vengo a anunciar. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él, siendo señor del cielo y de la tierra, no habita en templos construidos por la mano del hombre. Ni es servido por manos humanas, como si necesitase algo él, que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas…” (He 17, 22-25). 

En la encíclica Redemptoris missio, publicada en 1990, con motivo del 25 aniversario de la promulgación del decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II, nuestro muy querido Juan Pablo II trazó un revelador paralelo entre la situación del apóstol ante los atenienses y la de los evangelizadores contemporáneos ante el mundo moderno, empleando el símbolo del areópago para representar los ambientes que reclaman hoy la acción evangelizadora de la Iglesia. 

Señala la encíclica en primer lugar, entre estos “areópagos del tiempo moderno”, el mundo de la comunicación. 

Hoy día, necesitamos voces en estos ambientes modernos, necesitamos "fermento cristiano", necesitamos salpicar con amor a Cristo Jesús  así como lo hizo San Pablo, guardando las grandes distancias entre Él y nosotros, pero tratando de hacerlo.

II Corintios 6,1-10

"Damos prueba de que somos ministros de Dios"

Hermanos: Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: "En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda"; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad, con dones del Espíritu y amor sincero, llevando la palabra de la verdad y la fuerza de Dios. Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la justicia, a través de honra y afrenta, de mala y buena fama. Somos los impostores que dicen la verdad, los desconocidos conocidos de sobra, los moribundos que están bien vivos, los penados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobretones que enriquecen a muchos, los necesitados que todo lo poseen.

Dejémonos llevar por la mano de Dios, entreguemos nuestras cosas, hasta las más chiquitas a Dios, El hará. El nos llenará de su amor a un grado tal que ya nos serán de sabor amargo las cosas que no vengan de Él, para que un día, como el apóstol Pablo digamos ante cualquier embestida del mal..."Todo me es licito, pero no todo me es provechoso"

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