domingo, 18 de agosto de 2013

Confieso:" Yo creo en Dios"

En este día he decidido hacer una declaración pública. Una declaración que planteo en medio de uno de esos momentos en los que aparecen nuevos cambios en la vida.
Hay noticias que "te mueven el piso", por así decirlo... una enfermedad, un desencanto, divorcios, catástrofes naturales,  problemas económicos, crisis...la lista es larga, ponle el nombre que más te parezca. Este, es uno de esos momentos.

Vivir de cara al evangelio tiene sus consecuencias, palpables e inmediatas, tal como nos dice el mismo Cristo. Y vivir cristianamente o sea, vivir el evangelio, con todas sus consecuencias: cuesta,  porque significa vivir en el amor, en la caridad. Y no me refiero al amor de mariposas en el estómago, que no está mal, ni al amor platónico o al "yo me  siento tan bien cuando estoy contigo"..."¡ay si!, es que tú me haces sentir especial ...yo y yo y yo...y nos quedamos dando vueltas sobre nosotros mismos";  no me refiero a ese amor.  Me refiero a vivir la CARIDAD , como virtud teologal que es y dentro de ellas, la mayor,  como nos explica San Pablo.


El Señor nos expresa como el amor a Dios debe ser algo concreto, debe ser un amor que obra , dinámico,  no estático. El Apóstol San Pablo también nos lo expresa en su primera carta a los Corintios, en todo el Capítulo 13, maravillosamente y al mismo tiempo en forma exigente. Este capítulo es un himno a la Caridad.

El amor que es traducido como Caridad, tiene dos vertientes: El amor que tenemos a Dios y el amor a nuestro prójimo.

¿Quién es nuestro prójimo?
Es aquel que está más próximo a nosotros, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos, compañeros de trabajo, compañeros de estudio y en un concepto más amplio todo ser humano.

El origen del amor es Dios mismo y este amor está fundamentado en su palabra, en el mensaje de salvación que nos  anunció nuestro Señor Jesucristo. Uno de los fundamentos de esta palabra son los diez mandamientos, la ley Divina dada para el hombre;  los cuales nos señalan del 1ero  al 3ero  el amor a Dios y del  4to  al 10mo el amor a nuestro prójimo.

Es muy fácil perder de vista al prójimo en nuestras decisiones y San Juan nos lo indica claramente:
" Si alguno dice: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve" (1 Jn 4,20)

Nos pasamos la vida haciendo, buscando, meditando, estudiando..."¡oh, Señor, somos tan "Martas" a veces!"...y me acuerdo de Santa Teresa "María y Marta han de andar siempre juntas".  Es verdad, totalmente verdad, no hay una sin la otra. No puede haber real unión con El Padre, El Hijo o El Espíritu Santo  sin oración y tampoco puede haber ninguna acción si no viene inspirada por esta común-unión.

Pero más que nada, buscar la voluntad del Padre en nuestras vidas y buscar los carismas mayores no es fácil. Cuesta, pero cuesta precisamente porque es lo mejor para nuestra alma.
Ya nos lo dice San Pablo en esa hermosa carta de amor, a la que tantas veces tengo que referirme: "Si hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe Y si teniendo el don de profecía, y conociendo los misterios todos, y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, no tengo caridad, no soy nada." (1Co 13,1 )

Hoy digo: " YO CREO EN DIOS" y quiero decirlo con toda la convicción del mundo, quiero decirlo con propiedad, con el conocimiento que implica, pero sobre todo con caridad, sabiendo que nada soy y que todo me ha sido dado por Él.

Hoy digo: "Yo creo en Dios", pero no en el Dios de cuando tenía algunos años, sino en un Dios que ha ido enseñándome su plan a lo largo de mi vida y al que confío plenamente mis cosas.

Hoy digo: "Yo creo en Dios", pero no solo en el que comprendo y me da todo lo que quiero, sino también en el Padre Omnipotente que todo lo puede y sabe, y quiere lo mejor para mi, aunque muchas veces yo no comprenda.

Hoy digo: "Yo creo en Dios", no solo como el Padre al que le presento mis problemas y le pido veinte cosas, sino como criatura que soy y que simplemente se deja amar. Entendiendo que así como amo a mis hijas, Él, que es Padre de amor, me ama a mi.

Hoy digo: "Yo creo en Dios",  porque he visto su bondad tantas veces. He recibido su misericordia tanto tiempo. He presenciado su providencia durante toda mi vida. He sido testigo de tantas maravillas que la verdad...no tengo otra opción.


Este día oro a Dios para que me permita conocer algo del don de la caridad. Para Él, que es amor, no hay nada imposible. Sé que para eso me entregó los mejores maestros: mi madre María y mi amado Jesús.

Creo en ti, Padre amado que estás en todo y en todos. Ayúdame a mantener siempre viva mi fe, resplandeciente mi esperanza, pero más que nada, Papacito mío, ayúdame a mantener una ardiente caridad.

Nathalie Romero de Grau
Una hija muy amada de Dios,
en el corazón de Jesús.

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